martes, noviembre 16, 2004

La crónica

Nunca decepcionan, siempre innovan y a nadie dejan indiferente. Hora y media de luz, fuego y, sobre todo, música. Se hace corto, muy corto, por que esperas a ver qué será lo siguiente. Mezclando los clásicos del grupo, respecto a espectáculo y canciones, y las novedades, resultó un concierto redondo.

La previa

Al tener que recoger las entradas en taquilla, tuvimos que pasar un buen rato de cola, aunque tuvimos suerte por que, poco después de llegar, empezó a llegar gente a lo bestia.

Curioso el comportamiento de la gente en las colas: según van llegando se colocan en la primera cola que ven, aunque se vea claramente que esta termina en una taquilla; así que hubo bastante gente cerca nuestro que ya tenían su entrada. Especialmente gracioso lo de los andaluces que teníamos delante que, cuando se enteraron de que su fila no era esa, lejos de cabrearse, soltaron un celebrado: ¡Ya hemos vuelto a hacer el pringao!

Segundo comportamiento curioso: tras recoger las entradas, el miedo a la de gente que tendría que estar esperando para entrar. Como dicen en mi pueblo, una cola de 3 pares de huevos, cosa extraña pues nosotros subimos directos de la taquilla a la entrada. Señores, que había más puertas, no sólo las de la fila que visteis nada más llegar. ¿O estarían esperando para comerse un perrito? :D

Tercer comportamiento curioso: los reventas llegan a comprar entradas de reventa para volver a venderlas.

Cuarto comportamiento curioso (o ley de concierto de Rammstein): observado en otros dos casos, por lo que ya tiene estatus de norma, la ley se enuncia como: dado un concierto de Rammstein en cualquier ciudad, la cantidad de Neos, Morfeos y todo tipo de gente con aspiraciones/estilos Matrix se multiplica por 100. No entiendo cómo, con el calor que hacía dentro, podían ir con esos chaquetones (o las botas de tacón alto, en caso de mujeres, para pegar botes).

Como hacía fuera un frio que mata maricones (que es una frase hecha, no va con mala intención), nos fuimos directos al chiringuito a por cerveza, que la sudadera puede esperar (cawentó, acabo de ver que costó 14 neuros más que en la tienda).

Bien, con todo el tiempo esperando para recoger las entradas no nos dió tiempo a ver a los teloneros, que aún no se quiénes eran. Que alguien me deje un comentario si sabe quienes son (si se sabe los de los tres conciertos en España le regalo un gallifante).

El concierto

Realmente no puedo explicar mucho, ¡hay que verlos!. Menuda infraestructura mueven para el escenario. Dividido en dos plantas, una baja y otra alta más atrás. En la parte alta estaba siempre Paul Landers, el batería, y a veces alguno de los otros. Ambas secciones se comunican por ascensores y, en la parte central de la baja, hay un hueco por el que le pasan a Till sus "juguetes".

¿Las canciones? Pues casi todas las del último disco y las más famosas de los otros. Empezando con Reise, Reise van intercalando, más o menos, una nueva con otra vieja. No se dejaron, como no, ni Du Hast, Senhsucht, Du Riechst so Gut, Ich Will (que ya se podía aprender el público al menos el estribillo, leñes =) ni Sonne. De Reise, Reise faltó Amour, a parte de que Moskau me dejó frio, faltaba la voz de ella, pese a un espectacular juego de luces, muy maquinista (yo que me había estudiado la canción...).

El espectáculo

Como ya he mencionado, me sorprendió su juego de luces, cosa que apenas habían aprovechado anteriormente y que hizo que ganara la partida el fuego y la pólvora. Con ello no digo que hubiera menos pirotécnia, no, hubo incluso más (en el concierto en Macumba poco pudo haber por lo pequeño de la sala), pero el conjunto salió mucho más vistoso, como cuando salió el logo (que a mi me enervó y al resto de gente los dejó igual).

Dentro del espectáculo pirotécnico han incluido la, para mí, parte más espectacular, a parte de cuando Till se pega fuego con el chaquetón ignífugo (que no lo hicieron). Cuando van a tocar Mein Teil sale Till vestido de cocinero y aparece una gran perola con un Christian "Flake" Lorenz vestido de negro y unas gafas luminosas. A la hora del estribillo le pasan al cocinero su inseparable lanzallamas y empieza a pegarle fuego a la olla. Ese es el punto espectacular, el divertido viene a continuación, cuando sale del perol, iluminado con luces por todo su cuerpo y estallando petardos. Como Flake no es ganso cuando le toca actuar, la gente se partía.

Hay que mencionar también los kilos y kilos de confetti azul, rojo y blanco que lanzan cuando están tocando Amerika, que había empezado con Till tirando el típico sombrero de Tio Sam al público.

El resto es lo de siempre, pero más bestia. Más canutos de fuego durante más tiempo, el arco/castillo de fuego, los petardos estallando encima del público y, como colofón, la barca con Olivier Riedel en la canción Stripped, que puso fin a el mejor concierto de Rammstein que he visto.

Y, a la salida, Gott weiß ich will kein Engel sein, que me pone berraco, sonando por megafonía.

Conclusiones

Varias cosas he visto, algunas decepcionantes. Que tenemos Rammstein para rato y que seguirán innovando y sorprendiendo (cosas que ya se podían ver oyendo su último trabajo). Se ha podido establecer la ley concierto de Rammstein. Y, personalmente, lo peor de todo ha sido que, aun vendiendo todo el papel, daba la sensación de que la gente iba a verlos por ir, puesto que ni conocían el último disco, ni sabían siquiera los estribillos de canciones antiguas (liarse a aplaudir en un silencio cuando la canción sigue queda muy cutre, aviso) ni responden a estímulos primarios como es ver el logotipo del grupo en el juego de luces.

Esperando la crónica (a ver si la escribe el melón) del concierto en Madrid, decir que comparto su opinión: ¡¡¡ESPECTACULAR!!!

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